El cliente agranda con los dedos
Escanea el QR y se abre un PDF pensado para una hoja tamaño carta. Estira la pantalla, se mueve buscando la columna de los precios, y termina preguntándole al mesero lo que la carta debería haberle dicho sola.
Muchos locales en Chile ya tienen un QR pegado en la mesa. El problema no es el QR: es que detrás hay un PDF. El cliente lo agranda con los dedos, se mueve por la pantalla buscando los precios, y termina preguntándole al mesero lo que la carta debería haberle dicho. Eso no es una carta digital. Es la foto de un papel.
Una carta digital de verdad se abre al instante, se lee sin hacer zoom y cambia cuando cambia tu local: un precio nuevo, un plato que se acabó, el trago que quieres empujar esta semana. Es lo que construimos para restaurantes y pubs, y la administras tú desde tu teléfono.
Queda en línea en minutos, en tu propia dirección: tulocal.optiweb.cl. Los primeros 7 días son gratis, con todo lo de tu plan y sin pedirte tarjeta.
Escanea el QR y se abre un PDF pensado para una hoja tamaño carta. Estira la pantalla, se mueve buscando la columna de los precios, y termina preguntándole al mesero lo que la carta debería haberle dicho sola.
Sube el costo de la carne y tu carta queda mintiendo hasta que alguien abra el diseño, lo exporte de nuevo y lo vuelva a subir. Mientras tanto, o pierdes margen o le explicas al cliente por qué le cobras distinto.
El cliente pide justo lo único que hoy no tienes, y la conversación parte con un “no queda”. Lo mismo con el plato que sacaste de la carta hace un mes: un papel —o la foto de un papel— sigue ofreciendo lo que ya no vendes.
El punto
Un PDF es un documento hecho para una hoja de papel. Poner esa hoja detrás de un QR no la convierte en digital: la convierte en una hoja que además hay que agrandar con los dedos.
Cambiar la carta no debería significar rehacer un archivo. Y la carta debería saber qué hora es.
El comensal escanea, mira y pide. Sin instalar nada, sin registrarse y sin esperar a que cargue.
La carta se entrega ya armada, sin programas que se ejecuten en el teléfono del cliente. Por eso aparece de inmediato aunque el wifi del local ande mal y aunque tu cliente tenga una barrita de señal.
Apunta la cámara al QR y la carta se abre en el navegador que ya trae su teléfono. Nadie tiene que instalar nada ni registrarse para leer lo que vendes.
Se lee con el pulgar, de arriba abajo, con las secciones a mano. No hay que hacer zoom ni arrastrar la pantalla para encontrar un precio.
Cada plato y cada trago puede llevar su propia foto, tomada en tu local. Y lo que tu casa empuja lleva su insignia, para que se vea antes que el resto.
Carta
Se abre sin instalar nada
Pisco Sour
Pisco, limón de pica y azúcar.
La casa$5.900
Whisky de la casa
Se sirve como trago o botella.
$7.900
botella $67.500
Cerveza artesanal
Botellín de 470 cc.
$4.500
Tres direcciones que funcionan ahora mismo, sin registrarte ni dejar tus datos. Las dos primeras son lo que verían tus clientes; la tercera, lo que verías tú.
Lo que ve tu cliente
Ábrela en el celular, que es donde se usa. Fíjate en cuánto demora en cargar: no ejecuta ningún programa, por eso abre casi instantánea aunque haya una sola barra de señal.
¿Quieres ver más? Revisa nuestro portafolio de proyectos.
El mismo sistema, otro local
Puerto Viejo es un restaurante de mar y campo: claro, tranquilo, para almorzar en familia. Ábrela después de la del bar y fíjate en que no se parecen en nada. Es el mismo sistema; lo que cambia es la cara, y la cara la elige tu local.
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Lo que ves tú
Entra con demo@optiweb.cl y la clave demo12345. Cambia un precio, apaga un plato que se acabó o crea una promoción, y mira la carta de al lado: aparece en segundos. Todo lo que toques se deshace solo cada hora, así que puedes probar sin miedo.
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No es una carta que alguien te diseñó y quedó congelada: cada cosa que cambia en tu local tiene su lugar en la carta. Quién aprieta el botón hoy lo contamos sin letra chica en la sección 05.
El precio se cambia en la ficha del producto y la carta queda con el precio nuevo. Sin rehacer un diseño ni volver a imprimir el QR de la mesa.
Un producto se apaga y desaparece de la carta, sin borrarlo. Cuando vuelve a haber, se prende y vuelve con su foto, su descripción y su precio.
Se enciende y se apaga sola. Defines los días y la franja, y a la hora que dijiste aparece en la carta de tus clientes con el precio anterior tachado. Nadie tiene que acordarse ni estar en el local.
Un destilado se vende de las dos formas, y en la carta van los dos precios. Es como se listan de verdad los piscos y los whiskies en una carta chilena.
Lo que tu local quiere empujar —el trago de autor, la tabla para compartir— queda marcado y sube en la lista. Qué se ve primero lo decides tú.
Cócteles, cervezas, picoteo, fondos: las secciones van como se pide en tu local, y dentro de cada una los productos quedan en el orden que tú quieras.
Juntamos 22 cartas reales de locales chilenos y las analizamos producto por producto para saber qué se vende de verdad en un bar de acá. De ahí salió un catálogo listo para elegir: los cócteles por nombre, los destilados por marca, las cervezas, el picoteo y los fondos que aparecen en casi todas las cartas.
Ese análisis nos corrigió cosas que habríamos puesto por intuición: el terremoto no aparece en ninguna de las 22, y la piscola casi tampoco — porque en Chile se pide nombrando el pisco, no como producto con nombre propio. Por eso los destilados van por marca, que es como los busca el dueño cuando carga su carta.
Y para partir no cargas nada tú: nos pasas la carta que ya tienes —aunque sea una foto o un PDF— y tu logo con tus colores. Nuestro equipo la deja montada y te entrega el QR listo para la mesa.
Los precios que trae el catálogo son referencias del mercado local, para que no partas de una pantalla en blanco. Los precios de tu carta los pones tú.
Preferimos que sepas esto antes de comprar y no después. Es más corto explicarlo ahora que explicarlo cuando ya nos pagaste.
Lo que recibes hoy
Todavía en construcción
No le ponemos fecha, porque una fecha que no se cumple es peor que no tenerla. Mientras tanto, tu carta la mantenemos nosotros: nos dices qué cambia y lo dejamos publicado.
Dos planes con la misma carta pública: tu cliente ve exactamente lo mismo en los dos, y lo que cambia es cuánto de tu local puedes administrar desde el panel. El plan Salón incluye todo lo del plan Carta, así que su lista muestra solo lo que suma.
Plan Carta
Lanzamiento · 15 locales fundadoresPara el local que quiere su carta al día y manejarla él mismo, desde el teléfono, sin pedirle permiso a nadie.
o $29.900 al mes
Lo que ve tu cliente
Lo que manejas tú
Para partir sin trabajo
Con esto tu carta queda completa y en tus manos: la cambias cuando quieras, las veces que quieras, desde el teléfono que ya tienes.
Desde el segundo año: $358.800 al año, o $29.900 al mes. Ese número queda escrito en tu propuesta desde el día uno.
Plan Salón
Para el local con salón, turnos y equipo: el que necesita que la carta, las promociones y las mesas se manejen desde un solo panel, con un acceso para cada persona.
equivale a $57.500 al mes
Todo lo del plan Carta, y además:
Tu local en internet, no solo tu carta
Con dominio propio y su propio diseño: la dirección que pones en Instagram, en tu ficha de Google y en la boleta. El plan Carta te da una carta que se abre con un QR; este te da el local entero, y la carta va adentro.
Lo que ve tu cliente
Lo que manejas tú y tu equipo
Es el salón completo en un solo lugar: la carta, la promoción de esta noche, el equipo y la dirección de tu local en internet. Un precio al año, todo adentro.
Se renueva cada año al mismo precio, con todo incluido. No hay alza al segundo año.
Los $290.000 del primer año son la tarifa de lanzamiento para los primeros 15 locales. Cuando se completen esos 15, el plan Carta queda en $358.800 al año o $29.900 al mes — el mismo precio con el que renuevas el segundo año, escrito en tu propuesta desde el primer día. El plan Salón se renueva cada año en $690.000. IVA incluido en los dos planes.
Hay dos planes y los dos incluyen IVA. El plan Carta es tu carta pública con QR más el panel para administrar productos, precios y disponibilidad: $29.900 al mes, y por lanzamiento $290.000 el primer año completo, con cupo para 15 locales fundadores. El plan Salón suma lo que se maneja en el salón —promociones por hora que se prenden y apagan solas, un QR distinto por mesa con su conteo de escaneos, un usuario con permisos propios para cada persona del equipo y el registro de quién cambió qué— y además incluye el sitio web del local con dominio propio: $690.000 al año, renovable al mismo precio. En los dos casos la tarifa es plana: no se cobra un porcentaje de lo que vendes. Puedes ver el resto de los planes de OptiWeb.
Porque son dos productos distintos y conviene decirlo claro. Un sitio web se construye una vez y queda hecho: por eso los sitios de OptiWeb se pagan una vez y no tienen mensualidad — desde el año 2 hay un solo cobro anual de renovación, avisado con 30 días. La carta digital no es un sitio: es un sistema que opera tu local todos los días. Guarda tus productos, publica cada cambio de precio en segundos, mantiene la carta en línea cuando alguien escanea el QR un sábado a las 22:00 y conserva tus datos aunque cambies de teléfono. Eso tiene un costo que corre mientras el servicio corre, así que se cobra mientras se usa. La carta digital para gastronomía es el único producto de OptiWeb por suscripción, y su precio está a la vista.
No. Un QR impreso no se puede corregir, así que la dirección de tu carta responde siempre. Si un pago se atrasa te avisamos antes de tocar nada, y tienes días de gracia para ponerte al día: 7 días en el plan mensual y 14 en los planes anuales. Recién después la carta entra en pausa. Tus productos, tus fotos y tus precios no se borran en ningún momento: cuando el pago se pone al día, vuelve la misma carta con el mismo QR pegado en la mesa. Y si decides irte, te entregamos tu carta y la dirección queda en pausa seis meses antes de archivarse.
La regla corta: si lo que necesitas es tu carta bien hecha y poder cambiar precios y disponibilidad tú mismo desde el teléfono, es el plan Carta. Si además operas un salón con gente —happy hour que se enciende y se apaga sola a la hora que definiste, un QR distinto por mesa para saber desde dónde escanean, un usuario para cada garzón y cada cajero con permisos distintos, y el registro de quién cambió qué—, es el plan Salón, que incluye también el sitio web del local con dominio propio. La carta que ve el comensal es exactamente la misma en los dos planes: lo que cambia es cuánto puedes administrar tú desde el panel. Y la decisión no es definitiva: se puede subir de plan en cualquier momento descontando lo que ya pagaste.
El cupo es real: son 15 locales fundadores, se lleva la cuenta y te decimos cuántos quedan al cotizar. Cuando se llene, el plan Carta queda en su precio normal: $29.900 al mes o $358.800 el año. Los $290.000 del lanzamiento cubren el primer año completo del local que alcanzó a entrar, y la renovación va al precio que quedó escrito en su propuesta desde el primer día: $358.800 al año o $29.900 al mes. Si algún día se abre otra tanda de cupos, se anuncia como una tanda nueva — el cupo de 15 no se estira en silencio.
Sí, en las dos direcciones. Para subir del plan Carta al plan Salón pagas la diferencia: $690.000 menos el saldo del plan Carta que todavía no consumiste. Las funciones se abren de inmediato, y las mesas, el equipo y el sitio web del local se implementan con el mismo proceso de puesta en marcha. Para bajar del plan Salón al plan Carta el cambio se aplica en la renovación: las funciones se apagan, pero los datos no se borran. Las promociones quedan inactivas, las mesas y los usuarios de tu equipo se conservan, y tu carta sigue intacta. Si más adelante vuelves a subir, todo vuelve a estar disponible: tus promociones te esperan guardadas y las enciendes cuando quieras.
Porque lo gratis casi siempre tiene un límite, y conviene saber cuál antes de mandar a imprimir los QR. Tres ejemplos, verificados en agosto de 2026 en las páginas oficiales de cada servicio: KMenu, el más visible de los servicios chilenos, incluye 10 productos y 3 categorías en su plan gratis; TuCartaDigital muestra publicidad de terceros dentro de la carta del local y quitarla se paga aparte; QueRestó deja la carta gratis, pero los pedidos en mesa, el WhatsApp y los pagos son de pago. Ninguno es una estafa: son embudos, y para una carta chica pueden funcionar bien. La diferencia de un servicio pagado desde el día uno es que el límite no te aparece a mitad del servicio de un sábado. Eso sí, no todos son iguales —hay gratis sin marca de agua y gratis con productos ilimitados—, así que lo razonable es leer el límite de cada uno y ver cuál choca con tu local.
Un PDF es un documento diseñado para una hoja de papel: se abre en un visor, hay que agrandarlo con los dedos para leer los precios y, para cambiar uno solo, hay que rehacer el archivo entero y volver a subirlo. Una carta digital es una página hecha para la pantalla del teléfono: se lee de corrido sin zoom, cada producto tiene su precio y su foto, y lo que cambia se actualiza sin tocar el QR de la mesa. El QR es el mismo; lo que cambia es lo que hay detrás.
No. Apunta la cámara del celular al QR y la carta se abre en el navegador que ya viene instalado en su teléfono. No hay descarga, no hay registro y no se le pide ningún dato. La carta se entrega ya armada y no ejecuta programas en su teléfono, así que aparece rápido aunque el wifi del local ande mal.
Área técnica
Para quien quiere el detalle — nada de esto es obligatorio de leer para comprar.
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7 días gratis, sin tarjeta. La creas tú, en minutos, sin esperar una propuesta.